Érase una vez una gashinita de ojitos cafés y plumitas castañas. Ella se contemplaba por horas en el reflejo de un riachuelo. El agua turbia le dejaba ver su plumaje suelto y gris; su cabeza y cuello casi desnudos y sus patas feas y robustas. Así que la gashinita no tenía amor por sí misma.
Durante muchos días pasaba cerca de ahí un cisne cuyo plumaje era blanco, la cabeza pequeña, el cuello largo, sus patas largas, sus alas grandes y majestuosas. La gashinita había visto antes muchos tipos de aves, pequeñas y grandes, algunos eran incluso más hermosos que este, pero algo era distinto en el plumífero. Algo que ella no lograba identificar.
Cada noche, el cisne y la gashina se miraban uno al otro a través del reflejo de aquel riachuelo. Jamás se habían visto directamente. En una ocasión el cisne le pidió a la gashina que le permitiera estar un poco más cerca, que le permitiera ver sus hermosos ojos. Ella temerosa, siempre rechazó la petición del cisne, alegando que su plumaje era grisáceo y sus alas feas, sintiendo pena e inclinando su cabeza. Sin embargo el cisne insistía cada noche de manera más prominente:
-Tus ojos son hermosos, tus alas maravillosas…No te has dado cuenta porque el agua de este riachuelo es turbia y no te permite ver las cosas con claridad.
Una noche que la luna iluminaba de manera especial los alrededores de la granja, la gashinita decidió mirar al cisne tímidamente. Él quizá embelesado por el fulgor de las estrellas, se inclinó ante la gashinita y le dijo:
-Tus plumas son hermosas, tienes una sonrisa que cautiva los sentidos, me gusta el brillo de tus ojitos, son de un color canela. Eres muy bella, de esto no hay duda.
La gashinita avergonzada y a la vez atónita escuchó durante toda la noche la voz del cisne, que decía las cosas más hermosas que jamás nadie hubiera dicho al pasar por ese riachuelo.
-En tu mirada veo a una gashinita tierna, linda, curiosa. Y tus ojos, aunque tristes, denotan alegría, incertidumbre, inteligencia. Esta ha sido una de las mejores noches de mi vida-prosiguió el cisne.
Y así estuvieron, juntos. El absorto en su discurso fascinante y los ánimos de la gashinita profundamente cautivados. A un grado en que después de esa noche, ella no pudo evitar soñar con él. Y por instantes comenzó a sentirse una gashinita muy especial.
En una ocasión durante el atardecer, cuando la luz del sol aún iluminaba el color de las flores, la gashinita miró de nuevo su reflejo en el agua: permanecía intacta la imagen fétida de ella misma. Se sintió traicionada, pensó que el cisne le había mentido. Lo esperó para sentirse segura de que no era cierto lo que sus ojos veían, pero esa fue la primera de muchas noches en las que el cisne comenzó a faltar a esas citas.
La gashinita esperó muchos días y muchas noches. Su expectación fue mortífera y los pesimistas argumentos de su mente insistentes. Anhelaba la llegada del cisne, era dependiente de sus palabras y de su compañía para ser feliz. Únicamente pensaba en el día en que él se quedara para siempre junto a aquel riachuelo.
Una noche, el cisne por fin volvió.
- Necesito que aclares el motivo de tu intempestiva partida-dijo la gashina bastante afligida.
El cisne, apenado manifestó quererla mucho, pero no poder quedarse con ella ya que su camino era largo y sólo había querido transmitirle lo hermosa que él la había visto a través del reflejo de su mirada. Sólo había querido ayudarla.
Quiero hacerte un encargo-le dijo-de hoy en adelante tendrás que procurarte protección, ánimo, cariño y hermosas palabras a ti misma, tendrás que aprender a quererte y a descubrir lo hermosa que eres, sin necesidad de que nadie te lo haga ver. Deberás borrar para siempre la imagen que ves en el riachuelo todos los días.
Dicho lo anterior, emprendió el vuelo hacia lugares desconocidos, en busca de su propio destino. El cisne nunca había pretendido enamorar a la gashinita. Su propósito era hacerle saber lo hermosa que era internamente, para que borrara de su mente el reflejo tormentoso de aquella agua turbia.

Intenta convencerse? y cuando sabra que es verdad? ese deberia de ser el final... como cuando te miras al espejo todos los dias, y te ves, a ti misma, como siempre, y dices QUE HERMOSA AMANECI, ese es el principio de una programacion invaluable, que no viene de manera externa, sino interna, y asi te veas greñuda y con la almohada pintada en el rostro, como realmente eres... un ser humano perfecto
ResponderEliminarlale
te ves como realmente eres... un ser humano perfecto... me faltaron palabras perdon
ResponderEliminarjeje
saludos
lale
El cisne de mi historia es mi papá... siempre me dice lo excepcional que suelo ser, pero me cuesta BASTANTE trabajo creerlo... debemos trabajar en ello paisana, si no nos hechamos porras, entonces, quien lo hará?
ResponderEliminarSI, tus letras son bonitas...
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