sábado, 11 de abril de 2015

Otra vez

Confío en Dios y en la casualidad de haberte conocido.  Hoy es demasiado rápido para comprender cuál fue el sentido de toda esta historia.    Sólo quiero hacer constar que nunca intentaré olvidarte,  que si lo hiciera, no lo conseguiría.    Que -otra vez- me equivoqué y tampoco  fuiste el amor de mi vida, ni de mis días, ni de mi momento.     Pero que te quise y te deseo lo mejor, aunque estemos destinados a no ser y no te merezcas una sola de estas letras. 

miércoles, 11 de julio de 2012

Carta abierta al amor de mi vida

Medité mucho antes de escribirte. Supe por facebook que te casaste, creo que tienes una hija. Me dio mucho gusto saberlo, recuerdo cuánto anhelabas tener hijos. Siempre es maravilloso saber que una persona buena, logra cumplir un sueño.    Más cuando esa persona ha sufrido tanto y lo merece todo. 

 Esta noche -como todas en las que estoy muy triste- me acordé de ti. Releí  un mensaje que me escribiste y que nunca contesté, tal vez porque no era tiempo de hacerlo. Me preguntabas por qué había dejado de hablar contigo, me contabas que viniste a mi ciudad...

Ni siquiera sé para qué te escribo. Creo que sigo en la lucha de aprender a quererme, como un día me dijiste. No te escribo para reanudar la comunicación, es sólo un impulso de madrugada. Siempre he pensado que a estas horas hay algo de disturbios en las emociones, se enfatizan...

Yo sigo igual. Exactamente igual.  Muchas veces he sentido el deseo de pulsar el botón de enviar ante muchos textos inconclusos, otras noches he vacilado entre enviarte una invitación a facebook. Siempre reviso cómo está tu vida,a veces aún  siento tristeza. Sin embargo, he comprendido que no eras para mi, a pesar de cuánto te quise. A veces recuerdo cuántas noches durante mucho tiempo no hacía más que pensar en ti, aún en ocasiones todavía la nostalgia no se va por completo.  La enorme diferencia es que ahora puedo vivir con eso.  

  Después de varios años le conté a mi mejor amiga sobre la mañana en que nos conocimos. Me pregunto si al menos alguna vez habrá pasado por tu mente el recuerdo de ese día. No pude contarle lo que sentí la vez que me abrazaste, ni cuando recargaste tu cabeza en mi hombro mientras permanecíamos callados.  Tal vez porque esas cosas sólo son para mi. Quizá porque ya ni yo recuerdo qué senti.

Pero si recuerdo el día que atando cabos, descubrí que me escribiste unos días después de que te casaste deseandome que fuera feliz y alegrandote porque sabías que estaba bien. Secretamente supongo me deseas que encuentre yo el amor y la estabilidad que ahora tú has encontrado.  No sé si llegue a encontrarlo, lo que sé es que  nunca olvidaré lo que fueron mis madrugadas de sábado contigo.  

Quiensabe cuántas veces más durante mi vida, vuelva a llorar al releer este mensaje que no te enviaré nunca. 

martes, 19 de enero de 2010

Despedida



Hoy se cumple el ciclo de esta bóveda, sin más qué decir.

A veces me hace sonreír el hallazgo de algunos blogs cuyos autores declinan públicamente de seguir incrementando entradas, aludiendo a una serie de circunstancias personales o laborales y posterior a un periodo por lo general breve, regresan con ánimos renovados a reinaugurar sus jornadas de escritura diuturna divagada. No descarto que este caso sea parecido, aunque deseo que no lo sea.

No sé si en algún tiempo volveré a escribir aquí, o si abriré otro espacio. Lo que sí debo hacer, es agradecer a los seguidores de este blog, a los lectores pasivos, a quienes involuntariamente –quizá- pasaron por aquí, a los que suspiraron al identificarse con alguna frase, sobretodo a quienes imprimieron un comentario y siempre sentí muy cerca a través de sus letras. Al traerlos a mi memoria descubro que con el paso del tiempo muchos se fueron: Liz, Exenio, Juan de Lobos, Clarice, Blue, Antonio, Anvil, Abril, Violett; otros permanecieron: Shacceli, Maraya, Juan Antonio, Héctor, Ubi, Ana Rouge, Martinolli, Parisito, Carlos, Ale, Miel, Alisma, Mary…pero todos tienen mi afecto sincero y mi agradecimiento.

Llueve esta noche. Es un espectáculo que no puedo desaprovechar. Me despido

de manera definitiva y quizá adorablemente desalentadora, sobretodo para los optimistas que creen que lo mejor está por venir.

Xénit.

domingo, 17 de enero de 2010

Acordarme de ti


Una tarde de octubre escribió en un mensaje:
"Me pregunto si al menos algún día te acordarás de mi"

Esta noche de enero, en su cumpleaños, yo me pregunto:
¿Algún día dejaré de acordarme de él?


jueves, 14 de enero de 2010

Odio las horas de convulsión emocional

Llevo muchos días tratando de publicar este post. Aprovecharé esta noche en que me siento feliz, enojada, nostálgica, amargada, triste, llorosa, emocionada, incrédula y sensible. Mi amígdala se altera y recupera una cantidad de recuerdos que yacían en algún cajón oculto de mi cerebro. Y ese estado de convulsión emocional, casi siempre amerita un post.

Durante varios días he tratado de encontrar una explicación lógica que justifique la consecuente serie de ilusiones fallidas de la cual he sido objeto los últimos años y no solo en lo que a mi corresponde, sino a varias amigas. A veces pienso que todo se debe a que nos exponemos desde muy temprana edad a las más variadas teorías e interpretaciones sobre el amor, los sentimientos y las relaciones de pareja. Crecemos alimentando la idea consistente de que por alguna coincidencia cósmica existe alguien mágicamente compatible con nosotros que en algún momento se cruzará en nuestras vidas, quizá en el instante más inesperado y de una forma especial. Y mantenemos esa expectativa a lo largo de mucho tiempo, lo cual llega a ser frustrante cuando nunca ocurre o en cierto momento de la vida en que tenemos demasiadas historias acumuladas de “personas que no eran” lo que creímos y lo que esperamos. Más aún, si existe en particular una historia cuyos patrones se repiten consecuentemente, como es mi caso:

Un día te encuentras hablando con alguien y descubres que le gustan las mismas cosas garbosas que a ti; las conversaciones pueden ser fluidas, interesantes e inexplicablemente interminables; quizá esa persona se interesa por tus asuntos, sabe escucharte y más adelante descubres que comparten miedos, temores, alegrías… Es posible que llegue a suceder que con el tiempo, coinciden al expresar al unísono una misma frase y hasta a pensar simultáneamente lo que piensa el otro… Un día cualquiera antes de dormir, te descubres pensando que todo esto parece mágico...

Y acto seguido, fluye una serie de estragos que odio: El análisis noctámbulo de alguna frase que se dijo, la búsqueda de una interpretación o justificación que parezca satisfactoria o convincente respecto de esa frase. Odio la eterna lista de preguntas sin respuesta causante de tantos desvelos en espera de un mensaje, de una llamada, de algo que brinde lucidez emocional, claridad de las ideas, tranquilidad para poder dormir…y soñar. Odio sentir ese miedo a hacer una o varias preguntas cuya respuesta conozco de antemano.

Odio también esas frases tan universales, que suelen pegarse al inconsciente como lapas y perdurar a través de los tiempos y las personas esas que cuando las escuchaste, te hicieron pensar que las cosas eran distintas un “Nunca le había contado esto a nadie…” un “Contigo siempre fue distinto” o un “No eres igual a las demás…”

Odio las confesiones a media madrugada, las cosas que sólo se le pueden contar a alguien que es tan digno de merecer su confianza y de merecerla por siempre. Odio terminar llorando después de escuchar una canción que había borrado de una lista de reproducción unos meses atrás.

Por un lado odio repasar el historial de eventos que ocurrieron días atrás, rebobinarlos una y otra vez buscando los primeros signos de problemas, inventariando los días de ausencia, el distanciamiento y la cuenta de las lágrimas que todo eso causó. Y por otro lado odio pensar más de la cuenta en los recuerdos que le hicieron soltar una carcajada, los lugares y los momentos inusuales que no volverán a suceder y las veces en que una conversación fue ocasión para aprender, para crecer. Odio las tardes junto a la ventana imaginando un episodio que sólo tiene razón de ser en la imaginación. Odio ese recuerdo de la tarde lluviosa en que después de mucho tiempo, cuando es evidente que estás involucradada sentimentalmente, esa persona sólo sea capaz de decir un “Me gustas”. Y meses después, odio no haber sabido dimensionar esas dos palabras correctamente antes de que ocasionaran toda la serie de estragos.

Terminaré aludiendo a mi incapacidad para establecer una conclusión meritoria a este post, supongo que en lo sucesivo todo es cuestión de evitar en lo posible atribuir poderes mágicos a una serie de coincidencias inusuales entre otro ser humano y yo.

Lo único que amo de una convulsión emocional, es que me permite saber el momento justo en que ya todo terminó.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Jornadas depurativas de fin de año

Estoy de vacaciones, lo cual implica tiempo libre adicional. Este respiro ha sido una bendición, pero me recordó que mi melancolía requiere de cierta dosis de ocupaciones para mantenerse en niveles aceptables o de lo contrario comienza a generar ratos tristes de manera aleatoria. Por ello me dispuse a realizar limpieza en mis cosas personales.

En esta era tecnológica en la que nuestro cuarto o casa ya no son los únicos lugares que requieren de limpieza exhaustiva y frecuente, me di a la tarea de revisar los archivos de mi computadora, clasificarlos, considerar los que ya no sirven…


El problema de esas inusitadas jornadas depurativas es que vamos encontrando muchas cosas arrinconadas y después de una leve sacudida, las volvemos a guardar en el armario, en los cajoncitos escondidos, en la papelera de reciclaje o debajo de ese mueble donde “no estorban” de manera que inconcientemente seguimos conservando todo aquello que ya no sirve para nada, pero -suponemos-algún día podríamos reutilizar.

Y lo cierto es que pocas -poquísimas- veces volvemos a hacer uso de esos enseres que ocupan el espacio destinado para guardar nuevos objetos. El cariño, la costumbre, la melancolía, el afecto o la necedad nos hacen conservar todo lo que ya debería estar lejos.

Me he dado cuenta que estos procesos se dan en las cosas materiales, pero también y más frecuentemente en las emociones. Resulta fácil enviarlo todo a una papelera de reciclaje donde tarde o temprano podemos recuperar las tristezas, los malos ratos, las palabras que marcaron tanto, los disgustos, los rencores. Eliminar de manera definitiva todo esto requiere de un esfuerzo y un valor adicional implícito. Muy pocas personas tienen desarrollada esa capacidad de recomenzar, llevando consigo sólo lo que puede ser benéfico en sus vidas.

Estas épocas decembrinas en recuerdo de la Navidad y el fin del año, aluden mucho a este tipo de procesos y depuraciones en nuestra vida, los acontecimientos vividos anualmente, las cosas que tuvimos, todo lo que nos faltó por hacer y que pensamos lograr el próximo año.

Por eso, quiero externar mi cariño y mis mejores deseos a quienes por aprecio, interés o mera coincidencia cibernética han llegado a este espacio, sobretodo a quienes leen con asiduidad Espero que conserven o recuperen la salud, que a mi modo de ver, es lo único que realmente importa. Nunca permitan que su vida se convierta en una consecuente serie de intenciones, deseos almacenados, silencios fortuitos, afectos reprimidos y letras ocultas.

Si existe un motivo de aflicción al término de este año, piensen que muchos no tuvieron la suerte de estar en este punto de la línea del tiempo y el espacio. Asi que...aprovechémoslo.

¡¡Si cada nuevo día es la bendición de otra oportunidad, imagínenselo que significa el inicio de un nuevo año!!

viernes, 25 de diciembre de 2009

Pendiente

Me la pasé leyendo casi toda la nochebuena.
Tenía pensado postear, pero el tiempo de vigilia no me alcanzó, asi que dejaré disponible este espacio para cuando tenga la oportunidad de postear justo lo que esta noche me pasó por la mente.

Ojalá hayan cenado muy rico.
Ojalá estén muy bien.