Hoy es sábado. Las ilusiones en días hábiles ya no son para mi. Hace un momento se coló por la ventana el aire de la nostalgia...
Circunstancialmente, casi sin darme cuenta, me encontré de nuevo inmersa en otra recaída emocional. Recuerdo, pienso, escribo, escucho...
Hasta hace poco me sentía curada. Porque ya no lloro cuando me acuerdo de ti. Porque ya no me haces falta en las noches de insomnio. Porque cada día te recuerdo menos… Porque ya no me duele pasar por la plaza o sentirte tan cerca. Me sentí curada porque mi ilusión cambia de rostro temporalmente, cambia de voz...
¿Será eso el desenamoramiento? ¿Turbación del juicio intermitente? ¿Ansiedad de recordar lo irrecordable? ¿Podredumbre del espíritu al imaginar lo que será de ti y reconocerme plenamente excluida de esa realidad?
A pesar de ser el mejor amigo que he tenido no mereces una sola de estas palabras. Ni un recuerdo. Ni un pensamiento. Ni un deseo en voz alta. No te espero, no te lloro, no te escribo a ti. ya no. Estoy segura de que hace mucho no te quiero y sin embargo no sé por qué te invoco cada día en que me caduca una ilusión, tal y como un ritual.
No te mereces este post entero, así que lo dividiré en dos partes.
Parte 2.
A los lectores de este blog.
Estoy cansada de esta farsa acuosa. Mi estado emocional pende de un hilo que casi se rompe cada sábado. Muchas veces como hoy me pregunto si la única función de este blog es alimentarse de letras nocivas, que riego con lágrimas confusas. Lágrimas que a veces no caen de mis ojos.
Me genera náuseas no poder escribir todas las cosas hermosas que tengo, todo lo que me hace sonreír, lo que me hace soñar despierta. Hoy lo intentaré: Me hace feliz una tarde de lluvia, los platos llenos de cereal con leche, enseñar a mi madre a escribir mensajes de texto al celular, las ventanas con cortinas oscuras, la sonrisa de un niño en la calle, las cámaras de video, los días nublados, las rebanadas de jamón, los besos, las tardes de sol, el olor de la tierra mojada, escribir con bolígrafos de tinta china, un vaso de agua fría a media madrugada, una tarde de caminata, una sobremesa, que usted me lea. Si, usted que ni siquiera me conoce más allá de un click semanal o quizá mensual.
Le estimo mucho, créame. A pesar de que hoy, a esta hora, en este preciso instante ratifico que este medio no se hizo para tener amigos, ni amores, ni sueños, ni confidentes. Este medio tan hueco como esas noches de sábado en que escribo a teclazo limpio en mi laboratorio improvisado a un lado de mi mesita de noche y de las canciones de Savage Garden que ya no me provocan nada.



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