Medité mucho antes de escribirte. Supe por facebook que te casaste, creo que tienes una hija. Me dio mucho gusto saberlo, recuerdo cuánto anhelabas tener hijos. Siempre es maravilloso saber que una persona buena, logra cumplir un sueño. Más cuando esa persona ha sufrido tanto y lo merece todo.
Esta noche -como todas en las que estoy muy triste- me acordé de ti. Releí un mensaje que me escribiste y que nunca contesté, tal vez porque no era tiempo de hacerlo. Me preguntabas por qué había dejado de hablar contigo, me contabas que viniste a mi ciudad...
Ni siquiera sé para qué te escribo. Creo que sigo en la lucha de aprender a quererme, como un día me dijiste. No te escribo para reanudar la comunicación, es sólo un impulso de madrugada. Siempre he pensado que a estas horas hay algo de disturbios en las emociones, se enfatizan...
Yo sigo igual. Exactamente igual. Muchas veces he sentido el deseo de pulsar el botón de enviar ante muchos textos inconclusos, otras noches he vacilado entre enviarte una invitación a facebook. Siempre reviso cómo está tu vida,a veces aún siento tristeza. Sin embargo, he comprendido que no eras para mi, a pesar de cuánto te quise. A veces recuerdo cuántas noches durante mucho tiempo no hacía más que pensar en ti, aún en ocasiones todavía la nostalgia no se va por completo. La enorme diferencia es que ahora puedo vivir con eso.
Después de varios años le conté a mi mejor amiga sobre la mañana en que nos conocimos. Me pregunto si al menos alguna vez habrá pasado por tu mente el recuerdo de ese día. No pude contarle lo que sentí la vez que me abrazaste, ni cuando recargaste tu cabeza en mi hombro mientras permanecíamos callados. Tal vez porque esas cosas sólo son para mi. Quizá porque ya ni yo recuerdo qué senti.
Pero si recuerdo el día que atando cabos, descubrí que me escribiste unos días después de que te casaste deseandome que fuera feliz y alegrandote porque sabías que estaba bien. Secretamente supongo me deseas que encuentre yo el amor y la estabilidad que ahora tú has encontrado. No sé si llegue a encontrarlo, lo que sé es que nunca olvidaré lo que fueron mis madrugadas de sábado contigo.
Quiensabe cuántas veces más durante mi vida, vuelva a llorar al releer este mensaje que no te enviaré nunca.